Los calambres nocturnos son una condición desagradable en la que, durante el sueño, un músculo se contrae de repente con fuerza y aparece un dolor agudo.
Con mayor frecuencia, el espasmo aparece en la pantorrilla, el pie o el muslo.

A veces el ataque pasa rápidamente, pero después puede quedar una sensación de tirantez, debilidad o rigidez en la pierna.
Un calambre aislado normalmente no es peligroso.
Pero si los espasmos se repiten con frecuencia, es importante entender la causa.
A veces están relacionados con el cansancio muscular, la falta de líquidos, la deficiencia de magnesio o potasio, el calzado incómodo, la mala circulación sanguínea o un estilo de vida sedentario.
Es necesario consultar a un médico si los calambres aparecen varias veces por semana, si el dolor dura más de un día, o si hay hinchazón, entumecimiento, cambio en el color de la piel, debilidad intensa o mareos.
Para reducir el riesgo de calambres nocturnos, es útil seguir unas reglas sencillas.
Antes de dormir, haga un estiramiento ligero de las pantorrillas y los pies durante 5–10 minutos.
Durante el día, beba suficiente agua, especialmente si camina mucho, hace ejercicio o suda.
Añada a su dieta alimentos ricos en magnesio y potasio: plátanos, frutos secos, espinacas, frijoles, productos lácteos y verduras de hoja verde.
Antes de dormir, puede hacer baños de contraste para los pies, alternando agua tibia y fresca.
También es importante usar calzado cómodo que no apriete el pie ni altere la circulación sanguínea.
Para la prevención ayudan ejercicios simples: balancearse del talón a la punta del pie, hacer movimientos circulares con los pies y estirarse apoyándose en una pared.
Si el calambre ya ha comenzado, no haga movimientos bruscos.
Tire suavemente del pie hacia usted, masajee el músculo con cuidado e intente relajar la pierna.
Los calambres nocturnos son una señal del organismo.
En la mayoría de los casos disminuyen si se mejora el consumo de agua, la alimentación, el movimiento y el cuidado suave de las piernas.







